domingo, 16 de marzo de 2008

NUESTROS COMPLEJOS Y PREJUICIOS


Kutiry:

Aquí una nota que tal vez quieras sumar a tu blog Patrimonio Cultural del Cusco

Un abrazo

Roberto

NUESTROS COMPLEJOS Y PREJUICIOS
Perspectivas para el uso turístico de nuestra herencia cultural

Roberto Portugal
Qosqoruna

Para contribuir al debate regional y nacional, a propósito de las leyes de promoción de las inversiones en turismo (particularmente la Ley 29164) coincido en la necesidad y oportunidad para reflexionar sobre los “complejos y prejuicios” de nuestra sociedad.[1]
Habría que empezar desnudando las posiciones de quienes están convencidos que nuestro pequeño mundo (junto al resto del planeta) deberíamos - de una vez y por todas - abrazar los valores detrás de la visión de la cultura dominante, su concepción del progreso y el desarrollo, que descartan por inadmisibles lo que consideran anacronismos locales – como el cusqueñismo – porque estorban el tranquilo ejercicio de los intereses que privilegian. Valores que, por cierto, deslumbran y modelan el pensamiento de muchos de nuestros paisanos y autoridades, del país y del Cusco.
Nosotros - el incómodo Otro en una perspectiva intercultural - quienes sentimos y militamos en la responsabilidad de una de las expresiones más auténticas de la peruanidad, leemos mensajes distintos en las airadas voces del pueblo cusqueño y en las actitudes de los gobernantes de turno.
En primer lugar, la certera intuición de los hijos e hijas del Cusco para reconocer una nueva arremetida para enajenar nuestro patrimonio espiritual, a partir de una concepción gubernamental del turismo sesgada hacia su perspectiva económica. Patrimonio y responsabilidad que no se circunscriben a Machu Picchu o a Sacsayhuaman – como piensan esos paisanos- sino también a Sipán, Kuelap, Chan Chan, Caral, Sillustani, Chavín o Nazca, porque todas son expresiones de un mismo proceso cultural. El nuestro, el de nuestra tradición cultural andina.
En efecto, la Ley 29164 propone impulsar hoteles y restaurantes en todos los “atractivos turísticos culturales” del norte, del centro y del sur del Perú, cediendo en la práctica el control de su uso económico a particulares (lo que tampoco es negativo por definición) pero que, en realidad, está amañada para el beneficio (excluyente) de ciertos particulares: quienes pueden invertir en establecimientos de lujo.
Los peruanos de a pie y particularmente nuestros niños y jóvenes difícilmente entran en esa ecuación. Los pequeños y medianos emprendedores de nuestras ciudades y/o nuestras organizaciones comunitarias e indígenas con esperanzas en el turismo, tampoco.
Adicionalmente siguiendo su estrecho y comercial criterio, nuestros legisladores y diseñadores de políticas olvidaron para mejor ocasión una de las más interesantes posibilidades de la actividad turística: Su potencialidad para reafirmar la identidad nacional, para levantar la alicaída autoestima de nuestros jóvenes despertando un justo orgullo por la milenaria obra y la herencia de nuestros mayores y, en consecuencia, para mejorar su opinión sobre nosotros mismos. Especialmente ahora, en estas épocas de avasalladora imposición cultural globalizante. Ojala llegue pronto esa ocasión.
Turismo tarea de todos, beneficio de pocos.
¿Será que para pulir los indicadores macroeconómicos de las cuentas nacionales debamos renunciar a la espiritualidad de nuestras raíces, dejando que los monumentos que expresan esa herencia se transformen en simples cosas para satisfacer la curiosidad posmoderna de los viajeros más pudientes?
O siguiendo su (miope?) punto vista, ¿Se percata el legislador que al optar por los estándares de los manuales y la cultura empresarial estandarizada se están minimizando las oportunidades para desarrollar un producto turístico nacional que esté dotado de eso que las expectativas de los viajeros experimentados precian con la máxima valoración: la autenticidad del destino?
¿O será que los cazurros gestores del Perú oficial, con el servilismo mental heredado de la colonia, hoy solo piensan en cómo servir la mesa a los grupos económicos del país y a la gran empresa multinacional, excluyendo al pequeño emprendedor nacional y sobre todo local?
Hacia un nuevo modelo de desarrollo turístico
¿Entonces la gestión turística de nuestro patrimonio cultural de uso turístico se pasa a la iniciativa privada?
Cuidado, cuando la retórica es contrastada con la terca realidad, los cusqueños ya constatamos como la sagacidad para los negocios de esos nuestros paisanos posmodernos - en contubernio con parte de la jerarquía eclesiástica – demostraron como se puede reinventar la gestión turística de nuestro patrimonio colonial (catedral, iglesias y conventos) y de paso de los santuarios andinos sobre los que éstos fueron construidos, para apropiarse de su renta. Justificando su jugada con la arrogancia de un trasnochado complejo de superioridad sobre la cholería y la indiada local y ahora, para colmo, resulta que es bendecida desde Lima - con la fuerza de la Ley – pretendiendo perpetuarnos como invisibles y mudos; y por lo tanto ignorados a la hora de organizar el producto turístico peruano y, obviamente, a la hora de repartir su renta.
En otras palabras, las voces de nuestra gente están clamando precisar linderos aceptables entre el negocio del turismo y la preservación de las expresiones de nuestra identidad cultural y, desde luego, exigiendo equidad en las oportunidades para quienes se interesen empresarialmente en esa importante actividad económica.
Los cusqueños sabemos que debemos (y podemos) encontrar formas dignas que permitan hacer del turismo una realidad que colme las justas expectativas de quienes invierten en negocios turísticos grandes, pequeños y medianos; de quienes aportan con su trabajo o prestan distintos servicios demandados por los viajeros; pero también para que la actividad turística contribuya a mitigar la pobreza material de nuestros pueblos, para financiar el crecimiento de otros sectores de nuestra economía y definitivamente para preservar el patrimonio histórico nacional, que lo hace posible.
Lo que estamos precisando es que en esa búsqueda, las comunidades locales ya no aceptamos el papel de invitados de piedra, ni las migajas que caigan de la mesa de los poderosos cuyas razones sociales y nombres faltaron citar en la Ley 29164. El mandato de nuestro pueblo es meridianamente claro: Ningún instrumento de la política turística nacional debe servir para excluir la participación de nuestros pequeños y medianos emprendedores, y/o de nuestras organizaciones comunitarias. Ni que el turismo sea construido a costa de la cosificación de nuestra identidad y patrimonio cultural.
¿Que a los cusqueños nos embarga el complejo de “ombligo del mundo” y que defendemos lo nuestro sin saber porqué?
Pues sí. Y con pasión. Al menos tanta como la de quienes han comprometido su admiración o enlazado sus bolsillos con Washington, Nueva York, Londres, Madrid, o sus asociados en Lima. ¿Qué vivimos de glorias pasadas e incapaces de reeditarlas? Pues eso está por verse. Por lo pronto ya no estamos dispuestos a dejar que nadie nos siga pisoteando.
Se equivocan el presidente de la república, su vulgar ministro de defensa y los voceros comerciales del Perú criollo y excluyente al creer que castigando al Cusco humillarán nuestras convicciones. Aunque sería mejor no explorar esa vía.
Se equivocan también los profesionales de nuestra politiquería provinciana, izquierdosa y populachera, cuyo desastroso liderazgo nos ha atragantado las últimas décadas; campeones del arribismo, expertos en griteríos infecundos y en el masoquismo social de sus métodos de protesta. El rojo, lo saben muy bien ellos, es solo uno de los colores del emblema ancestral.
Los cusqueños creemos que a pesar de todas sus imperfecciones, todos los peruanos tenemos obligación de mantener y de mejorar los cauces del precario estado de derecho.
Por eso, para afrontar los retos entre conservación y desarrollo - en el importante propósito de formular un nuevo y mejor modelo de desarrollo turístico basado en el uso sostenible de nuestro patrimonio cultural de la Nación, lo que ahora importa es propiciar el intercambio de ideas y propuestas
Así, en casa, podremos transitar hacia la ansiada reconstrucción de nuestro espacio e identidad regional. Así mismo, con cariño y a la manera andina, ofrecer nuestros hallazgos en aporte a la integración pluricultural de nuestra comunidad nacional. Al hacerlo sabemos que estamos dando voz al otro Perú, porque el hecho de ser su capital histórica así lo demanda.

Roberto Portugal
Qosqoruna
Cusco, marzo del 2008